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Hierro                   Taller conjunto Bilbao-Madrid (Bitácora)

 

            Este taller de agosto fue muy especial, compartiendo encuentros y experiencias junto a los amigos de Madrid que nos acompañaban ese día. Recordamos que hace poco más de un año, unos pocos amigos que habíamos estado participando y aprendiendo en el taller de Madrid nos lanzábamos a recrear la experiencia en Euskadi, en este lugar (Arrankudiaga), inspirador paraje rodeado de naturaleza.
Así empezamos construir este proyecto de los talleres del oficio del fuego… adaptándolo a nuestras forma e incluyendo además nuevas formas, abriendo la participación para enriquecer la experiencia conjunta. En cada taller siempre está presente el trabajo en equipo y el buen trato, para facilitar esa atmósfera que permita el desarrollo de las mejores cualidades de cada uno… vamos avanzando juntos en este camino de aprender y enseñar sin limite.
En este taller el trabajo de todos ha sido muy importante, muchas y diversas funciones que han hecho posible un taller con mucha gente disfrutando y cuidando que todo nos saliera bien.
Comentarios sobre el hierro
              Así que el bronce funde a los 1200 grados. Fragua, mufla, no horno. Fuego directo. Y ya a 1300 grados hierro de fundición que no es el hierro llamado “acero”. Eso son 1500 grados. En 1300 grados, un poquito más que el bronce y ya tienes hierro a 1300 fundido pero es un hierro quebradizo, que le das con el martillo, y se quiebra.
Pero antes de trabajar el hierro hay que sacarlo de la tierra. Hay que irse a la montaña a conseguir siderita. Cuando encuentras esos pedazos de minerales los metes en un crisol y le das temperatura y esa mezcla que trae, es como el magma volcánico, más o menos se va limpiando y tiene gran cantidad de impurezas, de cuarzo, de aluminio, todo mezclado y entonces todo eso está fundido y tú lo revuelves, lo miras y si eres inteligente e imaginativo, piensas cosas.
Después empiezas a separar los pedazos de cuarzo, las gredas raras que se han fundido, vas sacando ese 40% que puede tener de hierro, depende de la ley, vas separándolo y ahora responde al imán. Ese hierro que has obtenido todavía le falta trabajo y limpiarlo más, pero ya empieza a responder al imán.

Se trata de pedazos de rocas que después tienes que molerlos bien para meterlos en un crisol.
Luego, al metal para templarlo lo enfrías o le agregas otras sustancias. Por ejemplo carbonados. Cuando quieres hacer un acero templado lo puedes meter por ejemplo, en alcohol. El alcohol tiene mucho carbono y mucho hidrógeno.

Tú lo metes en alcohol y lo templas. Antes se templaba con cristianos. Mucho carbono... con la grasa de los infieles. Pero los demás, que tampoco se hagan los vivos ya que también los cristianos lo hacían con los musulmanes, jalonando la historia universal de la infamia.
El aceite también templa. Y lo más elemental es en agua y en lo posible sucio, barroso.
El hierro carbonado se convierte en acero, el acero de la más baja calidad; después empieza el cromo vanadio, el cromo cadmio, unos aceros formidables, se trata del acero industrial.
Alguno tiene mayor flexibilidad, otro tiene mayor resistencia; unos son muy quebradizos pero muy fuertes, otros son flexibles y también muy resistentes; algunos aguantan bien la presión y otros la tracción, etc., son distintas características que han ido logrando agregando elementos a distintas temperaturas.
La industria del acero es algo serio.
Aquí estamos hablando del hierro primitivo que se lo templaba a fuerza de patadas, calor, patadas, calor, agua, calor, aceite, y dale.
No estamos hablando de los aceros industriales laminados.
Los japoneses laminaban, tomaban la chapa y le daban de patadas y la dejaban finitas, finitas, y entonces calentada la iban doblando y le daban y hacían chapas superpuestas y después cuando estaba todo bien la apretaban bien e iban logrando unas chapas de distinta calidad, unas eran flexibles y otras eran duras. Entonces resultaba una hoja de sable flexible y dura. Hay unas que son flexibles pero no son duras. Y hay otras que son muy duras y das un golpe y se te quiebra, que es lo que pasaba con el bronce.
Cuando vinieron esos otros que ya habían fundido el hierro y se daban de palos con los que venían con armas de bronce, el bronce se quebraba.
Los otros venían con un hierro y a estos se les quebraba el bronce. ¡Huyamos! Era ridículo. Era de lo último. Había que correr porque se les rompía el bronce. Entonces empezaron a pasar de la edad del bronce a la edad del hierro.
Los del bronce tenían una civilización superior, tenían una gran producción, pero claro, no habían producido el hierro y estos otros primitivos por la zona donde estaban, no habían fundido bronce. Fundieron hierro y vencieron a los otros de la civilización superior porque tenían una tecnología superior, no una civilización superior.
Bueno, pero eso ya es una discusión histórico-antropológica que podría llamarse, “acerca de cómo lo menor puede con lo mayor en determinadas circunstancias”... Pero los del bronce que no se hagan los vivos porque vencieron de mala manera a los del cobre. Y los del cobre que no se hagan los vivos porque vencieron a los que andaban ahí́ cazando con unos palos y unos huesos.
Cada uno se iba venciendo al otro. Ese es el arte, que se llama: “el arte de joder al otro”. También se llama: “el arte del turunguno, en el que no queda dedo alguno”.
(...)
Pero nosotros seguimos experimentando y aprendiendo. Aprendiendo sobre la materia, el fuego, y curiosamente, sobre nosotros mismos.
Manos a la Obra.
Con ésta colada de hierro, exitosa después de algunos fracasos, no termina el aprendizaje sino que comienza nuevamente desde un “escalón” diferente de experiencia.
También cabe resaltar que es gracias al aporte de todos, incluyendo cada pequeño gesto, que logramos esos avances en nosotros respecto a la materia y con nuestros compañeros de oficio.