"El oficio del fuego"  

  

Un oficio enseña a proporcionar internamente, a hacer equilibradamente. Se va adquiriendo proporción interna gracias a ese trabajo externo mientras aparecen problemas de exactitud y de detalle. Se asocian estados internos con operaciones externas. 

 

El Taller

El experimentar con cada material, moldes y temperaturas permite acercarnos al proceso histórico evolutivo, rescatando registros y miradas antiguas.

 

El Taller no es sólo un espacio físico, es también un lugar de relaciones, de aprendizaje conjunto, que vamos creando y cuidando entre todos.

 

El desarrollo de la permanencia, la pulcritud y el tono es lo prioritario.

 

El Tono, estar atento a lo que se está, además de evitar accidentes, ayuda a darse cuenta de cómo está uno, y sería más interesante incluir también a los que tengo al lado, como tratarlos, cómo hacen, qué gracia tienen, si puedo ayudar, que hacen distinto a mi, p. ej. aprender el tono a emplear para agarrar un vaso de plástico.

 

Pulcritud, una forma de cuidar el ámbito, de nuevo te lleva a estar donde se está, si cojo una herramienta la coloco de nuevo en su lugar, y si además veo que está floja trato de mejorarla. También el trato hacia los otros mejora si tengo en cuenta la pulcritud.

 

Permanencia, nada sale a la primera, con la experiencia, en la medida que uno se va poniendo se va adquiriendo ese aprendizaje.

 

Esos tres elementos en su proporción vemos que son la clave para ir comprendiendo ese proceso evolutivo. Y vamos comprobando cómo este trabajo opera en copresencia y nos va transformando, moldeando nuestra sensibilidad, haciéndonos más flexibles, reflexivos y a la vez con un centro interno. Ese trabajo va armonizando nuestro pensar, nuestra emoción y nuestra acción.

 

Para resonar con la materia tenemos que ir soltando prisas, expectativas, impaciencias, que nos impiden conectar con el material, y también con el otro.

 

Superar dificultades, experimentar con los materiales, moldes y temperaturas nos hace modificar formas de pensar, soltar cosas que no van, nos va habilitando para nuevas imágenes que guarden proporción y coherencia, abriendo posibilidades, moldeando al ser humano al que aspiramos, a la vez que vamos moldeándonos a nosotros mismos.